¿Estamos realmente educando por competencias?

Fuente: Mr P’s ICT blog – iPads in the Classroom

Cuando hemos tenido que elaborar nuestras guías docentes, sobre todo en los últimos años, se ha hecho
mucho énfasis en la educación por competencias, en encajar todo dentro de un currículo, en tratar de buscar las transversalidades entre materias, en desarrollar una programación de aula para nuestros módulos y asignaturas… Al final, disponemos de un documento que, en teoría, funciona. Finalmente en la práctica, resulta que al final, enseñamos y evaluamos como siempre. Queremos encajar lo antiguo en lo nuevo y, evidentemente, no encaja. Los jóvenes de ahora no son como nosotros. Tienen toda la información al alcance de unos pocos clics. Las empresas del mañana quieren personas que sean capaces de resolver problemas con creatividad, capaces de innovar y de autodesarrollarse, de adaptarse a los cambios y de ser capaces de colaborar. El concepto de líder se difumina por el éxito del trabajo colaborativo. Y eso es precisamente lo que no se enseña. El alumno aprende, pero no comprende. Oye, pero no escucha. Atiende, pero no entiende. Lo veo cada día en los alumnos de nuevo ingreso en la universidad. No saben qué estudian ni para qué, en un nivel en el que se supone que acceden por un claro interés personal y profesional.


Hace cuestión de unos meses un profesor y compañero de departamento preguntó a alumnos de primero, por escrito, qué salidas profesionales tenía la carrera que habían comenzado a estudiar. Lamentablemente sólo lo tenía claro un escaso 10% de alumnos. Evidentemente el batacazo contra la realidad laboral y social de estos alumnos es enorme, y a estos niveles es muy complicado, por no decir casi imposible, solucionar problemas que se vienen arrastrando desde la escuela. Así entonces, te encuentras con alumnos que tienen graves carencias en cuanto a aquellas capacidades que se suponen que tienen que tener. Por ejemplo, ¿de qué le sirve a un alumno saber resolver mecánicamente una integral por partes, si no tiene ni idea de lo que significa el propio concepto de integral? El resultado es claro: todo lo accesorio se olvida, y el alumno cuando sale finalmente al mundo laboral se encuentra con que tiene que prepararse nuevamente para algo que se supone, ya debería conocer. El nuevo marco europeo para la educación superior pretende solucionar en parte estos problemas, dando más énfasis al autoaprendizaje del alumno.

Pero me encuentro con que la mayoría de los profesores precisamente pretende seguir impartiendo las mismas clases magistrales comprimidas en un tercio del tiempo que antes se tenía disponible. Además existe otro problema: los alumnos no saben cómo trabajar por sí mismos, porque no tienen hábito ni costumbre de hacerlo, al haber pasado por la etapa preuniversitaria, en su gran mayoría, como meros espectadores a lo largo de todo su propio proceso de aprendizaje. ¿Quiénes tenemos la culpa de esto? Yo diría que TODOS, incluidos los propios docentes. Si no asumimos un cambio radical en nuestra propia metodología, y la propia sociedad no se conciencia de la importancia de este hecho, en los próximos años, veremos cómo seguiremos retrocediendo en calidad, bienestar social, innovación… en definitiva, seremos una sociedad cada vez más dependiente del exterior. Por suerte, hay algunos grandes ejemplos de innovación que están plantando la semilla del cambio, a pesar de las cíclicas leyes a las que nos someten nuestros políticos.

Hace unos días tuve la suerte de participar como oyente en el Apple Leadership Tour 2013 en Madrid. Allí tuvimos la ocasión de escuchar mucho sobre educación y casos de éxito, inteligencias múltiples, constructivismo, proyectos educativos, cooperación entre alumnos, autonomía, flexibilidad, cercanía del profesorado, aulas abiertas… De lo que no se habló fue, precisamente, de avances tecnológicos, porque precisamente éstos ya están aquí, y de forma transparente, actúan como un gran catalizador para que todo lo anterior sea posible.

En esas conferencias se mostraron varios ejemplos relevantes; se habló de casos en otros países, así como ejemplos en España. Pero el que más me impactó, con el que me sentí más identificado, como creo que la mayoría de los asistentes, fue el proceso de cambio del colegio Montserrat de Barcelona. Este colegio asumió un cambio radical en sus metodologías docentes desde hace más de 10 años. Pero han sido en los últimos dos años cuando han empezado a cosechar los éxitos de este plan tan ambicioso. En este colegio, la implantación de tecnologías 1to1 y la formación del profesorado han sido dos factores clave, si bien no lleno de dificultades, como la resistencia inicial de las familias así como de un importante porcentaje del propio profesorado.

La ponente, Montserrat del Pozo, nos dio una lección de ilusión por la educación, y nos habló de un cambio radical en la forma de trabajar con los alumnos, en la que el profesor deja de ser un referente, para convertirse en una guía para los alumnos dentro de su propio aprendizaje. Nos mostró cómo eran ahora las clases, con ruido, con un constante murmullo de fondo, no porque los alumnos estén perdiendo el tiempo, sino porque están constantemente trabajando, intercambiando ideas, comunicándose en definitiva.

Un factor clave para esa escuela son las inteligencias múltiples, de forma que, para ellos, todos somos inteligentes y, bajo esa premisa, se focaliza el interés del alumno hacia aquello que más le gusta, donde él o ella se sienten más a gusto y quieren trabajar. Para ello se trabaja constantemente por proyectos o retos, que los propios alumnos deben desarrollar, apoyados en el andamiaje —usando las mismas palabras que la ponente— dispuesto por el profesor. Tuvimos la oportunidad de ver a alumnos que con gran destreza, eran capaces de exponer resultados obtenidos, de explicar a otros alumnos el funcionamiento físico de un objeto que acababan de construir, de cómo investigaban entre sí y cómo avanzaban en sus estudios pudiendo orientar su futura carrera profesional hacia lo que más les atrae. Vimos también cómo el libro de texto pasaba a un segundo plano, basando casi la totalidad de su aprendizaje en el uso de plataformas online, iPads y una cantidad inmensa de materiales multimedia. En definitiva, estos chicos han aprendido creando, comprendiendo, entendiendo y adquiriendo esas capacidades que necesitan para consolidar su futuro.

Hace un par de años oí a alguien decir que eso es una utopía, que los alumnos por sí solos no son capaces de aprender; pero hoy tenemos Internet, una cantidad ingente de materiales y dispositivos móviles que nos dan acceso a todo casi de forma instantánea. Como nos comentaba Montserrat del Pozo, tenemos «cerebros viejos tratando de enseñar a cerebros nuevos». Hoy ya tenemos ejemplos de que es posible y no un mero ideal, si bien el rol del profesor tiene necesariamente que cambiar, de forma que ayude a aprender, actúe de soporte y mentor, y no simplemente dedique su tiempo a enseñar los contenidos de un currículo.

2 comentarios en “¿Estamos realmente educando por competencias?”

  1. Me quedo con el cambio de las clases, con el ruido en el aula. Esa nueva filosofía del sonido oculta un montón de actitudes distintas. Volvemos al agora de Athenas, donde hay intercambio de ideas y de pensamientos. Es una educación múltiple. Y eso veo que tiene dificultades. Somos monológicos, estamos acostumbrados a una enseñanza vertical y dirigida. Pero no tiene sentido, vamos a una enseñanza dialógica, con una alta dosis de intercomunicación en todos los sentidos, entre los alumnos entre sí y entre los alumnos y los medios tecnológicos. Pero todo esto hay que crearlo, hay que practicarlo desde el principio. Los alumnos mantienen actitudes cerradas, les cuesta escuchar al otro.Creo que unos de los criterios básicos de la competencia ciudadana tendría que centrarse en fomentar la capacidad en el alumno de hablar y de escuchar al projimo y esto tan sólo se realiza con la práctica. Para ello tendría que modificarse el valor del contenido, de las teorías.Crear ciudadanos democráticos, abiertos, tolerantes debería constituir una clave y un desideratum de la enseñanza de la competencia social y ciudadana y ello supone un cambio en una enseñanza que sigue todavia anclada más en lo coceptual que en el ejercicio dialéctico.

    Responder
  2. Agradezco tu comentario, Antonio. Tu comentario resume en pocas líneas el objetivo de una educación transversal y práctica: educar a personas con criterio propio como para tomar sus propias decisiones y compartirlas con los demás.

    Responder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: