Directo al Corazón: Paradigma educativo para este siglo XXI

Recuerdo de niño, 7
años aproximadamente, como encaramado a un robusto castaño, mi padre me animaba
a saltar a sus brazos. Dudaba de las sensaciones en el acto de saltar. Mi mente
estallaba vertiginosa entre miedos y alegrías, esa extraña sensación de desear
algo con ahínco y a la vez querer huir del momento por la incertidumbre o el
fracaso. Hoy, treinta y siete años después, lo recuerdo como si el tiempo no
hubiera transcurrido. Mi padre con su bigote frondoso y camisa a cuadros de
algodón y mangas largas, aquel frondoso castaño repleto de frutos, el día con
su cielo azul, soleado y la familia y amigos de mis padres preparando los
aparejos para el almuerzo mientras hablaban de sus fiestas. ¿Qué
ocurrió? ¿Salté o no? Salté, sí, a pesar del riesgo por la altura (me pudo la inteligencia
kinestésica), pero mi padre no me cogió. Recuerdo vagamente sus palabras, mi
mente andaba distraída ordenando 
emociones, sobre “confiar” en las personas, incluso en las personas en
las que uno espera no te fallen.  Yván, no debes fiarte ni de tu padre, me
dijo.

Esta anécdota de la niñez refleja claramente que
aprendizaje y sentimientos pueden ir cogidas de la mano para hacer
significativos los aprendizajes de nuevos conceptos. Soy docente, profesor de
secundaria desde el 97 y soy de los que aboga por  el “aprendizaje significativo” .

Aquel día con mi padre, el cuerpo calloso entre mi
hemisferio derecho e izquierdo, esa comisura central, estaba siento estimulada.
Las fibras nerviosas que lo forman, estaban “trabajando ponderadamente”. Diría
que el lado derecho en mayor medida. Ese que alberga la intuición, la
comprensión, la síntesis, la musicalidad, el sentido artístico, la imaginación
frente a un “cerebro izquierdo” de la atención, razonamiento lógico, la
planificación, memoria a largo plazo, lenguaje… (neurociencia). Y eso fue lo
que ocurrió aquel día.

No soy un especialista del tema; el tiempo que me queda tras preparar clases y formarme, suelo emplearlo en “curiosear”
artículos, libros, ensayos, conferencias, jornadas, blogs, películas y otros
medios de difusión básicamente en formato digital y en ocasiones de forma presencial,
sobre temas relacionados con mi profesión:  EDUCACIÓN. Algunos con rigor científico y
otros como reflexiones, experiencias, pensamientos hablados en alto que se
desean compartir. También soy de los que al llegar a casa me cuestiono lo
ocurrido en el AULA con el alumnado. Qué sale mal y qué sale bien con  idea de cambiar. Es por ello que hablaré
desde mi experiencia y reflexión.

¿Qué tiene que ver todo esto con la educación? Yo creo que
todo. La forma de aprender, el cómo  y no tanto el qué ni cuánto 
aprender, es lo que ha demostrado la neurociencia que puede poner en
funcionamiento un mayor numero de fibras nerviosas y conseguir la función
integrada de ambos hemisferios.

El eterno debate sobre la metodología en las aulas de la educación
obligatoria y postobligatoria, sigue siendo una asignatura pendiente, nada
conclusa para muchos, en lo que respecta a la propuesta de CAMBIO. ¿Miedos,
rechazos, conservacionismo, formación? En los últimos diez años han aparecido
nuevas investigaciones que nuestros legisladores en educación y nosotros
mismos, los docentes, apenas conocemos. Hoy sigue existiendo por muchos de
nosotros el convencimiento de que para aprender “el cerebro tiene que
bombardearse de conceptos”. Si nos centramos en el sujeto de la frase, el cerebro, sería racional preguntarse ¿cómo
aprende mejor el cerebro? Y es aquí donde la neurociencia y la neuropsicología
en educación aclaran con rigor el debate.

Aristóteles (384-322 a.d.C) ya contemplaba las emociones como elemento esencial del aprendizaje “educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto”.  Einstein (1879-1955)
decía que “locura es hacer siempre lo
mismo y esperar resultados diferentes¨
. Joan Vaello Psicopedagogo,
orientador y profesor de Psicología General y Psicología Evolutiva en la
actualidad, reflexiona sobre las dificultades en los procesos educativos cuando
habla de “sensibilidad en la detección de
problemas y creatividad en las soluciones”.
 Jose María Toro y tu «Educar con co-razón», aboga por una educación de las emociones desde la etapa de infantil hasta la universidad. Éstas y otras reflexiones personales confluyen en
la imperiosa idea de cambiar aquel modelo de enseñanza basado en la clase
magistral donde el Docente es el único protagonista en el espacio de
aprendizaje, un proceso lineal y estandarizado con objetivos de producir
futuros trabajadores en diferentes ámbitos de la economía industrial mediante
un volumen de contenidos teóricos aprendidos memorísticamente y una formación
práctica basada en modelo de repetición. Sistema Educativo/formativo basado en la
producción.

Los objetivos de la educación actual han variado, porque la
sociedad es diferente, el mundo ha cambiado. Al objetivo económico de aquella
época se le suma el objetivo cultural y el personal (Ken Robinson) y es por
ello que como docentes debemos tener presente los cambios en tecnología y
ciencia para sacar de la persona sus “ideas y creatividad” para APRENDER. Hoy
se educa  a la PERSONA.


¿Qué modelo es el adecuado entonces? Hablaré del modelo que
particularmente uso día a día en el aula, entendiendo que es el que por la formación,
experiencia y resultados considero adecuado. Seguramente “la espada de
Damocles” de la educación también pensará que su método o pedagogía es la
adecuada aunque cuente con mas de un 50% 
de suspensos. Su análisis se centra en 
que los alumnos “no quieren o no saben aprender”.

En nuestro cerebro
existen dos funciones mentales, las inferiores aquellas con las que nacemos,
son naturales y marcadas genéticamente. Y las superiores que se adquieren y
desarrollan con la interacción social. Un ejemplo básico y claro que leí hace poco podría ser el llanto
de un niño que puede ser por  dolor
(función inferior) o por llamar la atención para conseguir algo (función
superior). Esta ultima proviene del córtex cerebral, donde se lleva la
actividad de la mayoría de las funciones superiores.  Carmen Pellicer, Teóloga, Pedagoga, Maestra, tiene una frase que suelo practicar desde el primer día en la relación con el
adolescente, “cuando logramos acariciar el cerebro”. Este Vínculo de Apego es el
punto de partida, para mi, de la aventura de enseñar/educar. La seguridad emocional que
experimentan al ser aceptados incondicionalmente y cuyas vivencias pasan por la
amígdala o centro de las emociones, (neuropsicología) es una potente
herramienta para fortalecer el vínculo socioemocional de la relación educativa.

Constato
en el día a día como se sigue enseñando desde el  


punto de vista del adulto, ese
que perdió sus alas en el camino hacia la “madurez”, intentando enseñar sin
tener en cuenta lo que necesitan, centrados fundamentalmente en el hemisferio
izquierdo. Olvidamos o desconocemos que el niño, tiene gran capacidad de
descubrimiento e introspección, de asombro por los colores y formas que nos
rodean, del uso de la CREATIVIDAD para relacionarse con los conceptos, y acabamos
con esta forma natural de aprender, la del hemisferio derecho en equilibrio con
el izquierdo. Esto condiciona notablemente el resto de los aprendizajes hasta
la edad adulta, desde infantil hasta los estudios universitarios, pasando por
primaria, la ESO, Bachillerato, Ciclos, Educación a Distancia y Escuela de Adultos.
Obviando estos “matices” pueden quedar “heridas” en el desarrollo adecuado de la motricidad, lenguaje, lecto-escritura, atención. Si a estos desajustes por errores en la metodología se le suman los casos funcionales, algo más complejos de problemas en el aprendizaje, como dislexias, disortografías, disgrafías, discalculias, dislalias, hiperactividad, síndrome del aprendizaje lento, ¿cómo los atendemos?…así como un médico no puede tener fobia a la sangre o un bombero vértigo, los docentes deberíamos saber cómo funciona un cerebro. ¿No creen?
Por
ello comparto lo imperioso de una formación teórico-práctica esencial e
inseparable de asignaturas en aquellas carreras que tengan orientación a la
ENSEÑANZA. Así como una forma de acceso más objetiva a la función docente. Tengo
compañeros que rechazan a los adolescentes, “no soportan que les rocen, que
hablen en clase, que expresen emociones, que trabajen por grupos, que sueñen en
el aula, que jueguen…”.

Teniendo esto en cuenta,  tras la metodología usada en estos años, la relación y feedback con el alumno y la formación docente continua, en confluido en cinco claves básicas  para niveles de la ESO y Bachillerato. Trabajo
teniendo presente:

  1. Detectar
    sus necesidades y carencias. (Psíquicas, físicas y sociales).
  2. Conectar
    con sus emociones y sus intereses y trabajar por proyectos con centros y
    herramientas de     interés que parten del alumno y no del currículo, (este es una
    guía).
  3. Aprovechar
    sus inteligencias múltiples (Gadner) predominantes para potenciar las
    deficitarias.
  4. Conectar
    e implicar con el proceso a sus progenitores.
  5. Evaluar
    con mayor peso de una forma continua y menos puntual (exámenes o pruebas
    escritas memorísticas), lo que se aprende y cómo lo aprenden con ellos y entre
    ellos.
¿Cómo se llevan a la práctica estas claves?…

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