¿Enseñas o Enriqueces?

Hace unas semanas la directora del colegio Decroly me propuso una impartir una sesión, en parte para motivar aún más al profesorado (que ya estaba muy motivado a mejorar), así como para mostrar las posibilidades que el uso de dispositivos móviles tiene cuando se introducen en el aula y forman parte de la actividad diaria.

Después de mucho pensarlo, les propuse una sesión titulada «¿Enseñas o Enriqueces?» en clara alusión al famoso anuncio de caldo. Y es que, una cosa es simplemente enseñar, y otra es enseñar y enriquecer el cerebro de nuestros alumnos, adquiriendo habilidades, comunicándose, expresándose, razonando, investigando, elaborando… en definitiva, aprendiendo.

Creo que el planteamiento de nuestros responsables educativos es errado, al estar orientado generalmente a una enseñanza lineal y encorsetada en un currículo totalmente inflexible, donde se le da más importancia a los resultados de unos exámenes que a las habilidades y conocimientos realmente adquiridos. Enseñar es sencillo, pero para enriquecer tenemos que preguntarnos qué es lo realmente importante al educar a un niño, un adolescente o incluso un adulto. Al encontrarme con alumnos que han superado las pruebas de acceso a la universidad y descubro que no son capaces de buscar una solución alternativa a un problema sencillo, de expresarse, de investigar, de comprender y aplicar conocimientos, me doy cuenta de que hay algo que no funciona. De nada sirve saber resolver un problema de forma completamente mecánica siguiendo un procedimiento predeterminado cuando te enfrentas a la vida real, llena de matices, por mucho que te hayas esforzado… Entonces ¿qué estamos haciendo mal? Creo que, en la práctica, de forma general, nos limitamos a enseñar creando autómatas.

En un momento en el que la complejidad de la técnica y de las relaciones sociales es mayor que nunca, seguimos enseñando como hace 50 años: dando la espalda a nuestros alumnos. Si hoy le pedimos a nuestras administraciones y empresas que agilicen todos los procesos adoptando herramientas tecnológicas, y somos conscientes de que nuestro día a día no podría existir sin la existencia de la tecnología ¿por qué no aplicamos lo mismo a las escuelas?

En este momento ya no es una cuestión de formación tecnológica del profesorado. La cuestión está en cómo introducir la tecnología efectivamente en el aula a la vez que pasamos de profesores a facilitadores. Ya no podemos pensar en los medios tecnológicos únicamente como una mera sustitución de los medios tradicionales, sino que tenemos que plantearnos el hecho de que la adopción de la tecnología deberá revolucionar completamente el proceso de enseñanza en muchos de nuestros centros educativos. Conceptos como el aula de informática ya no tienen sentido hoy en día, más que en algunos centros de formación técnica especializada. El aprendizaje por retos, por problemas, entre iguales y colaborativo confluye en un único proceso de aprendizaje cuando se pasa de la simple sustitución a la redefinición según el modelo SAMR de del Dr. Puentedura. No me parece tan descabellado, sobre todo cuando miras fuera y descubres las cosas que se están haciendo dentro de nuestro propio entorno.

La sesión del Decroly fue una discusión abierta sobre todo esto, donde este grupo 16 de profesores se convirtió,  durante unas tres horas, en alumnos. Trabajaron por problemas y contestaron a retos, visualizaron su centro de hoy e imaginaron su centro de mañana y, finalmente, se dieron cuenta de que gran parte del cambio estaría fundamentado en sus propias convicciones y capacidades.

Cuando hablo de formación, soy de la opinión de que, aunque una imagen vale más que mil palabras, un vídeo más que un millón. Ésta es una muestra de los materiales que durante esa tarde se generaron, sin formación previa, mediante el uso de los pocos iPads que teníamos disponibles.

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