Mirarnos al ombligo

Llevo muchos años escuchando comentarios de compañeros y compañeras sobre el bajo nivel de los alumnos a su entrada a la universidad, y las dificultades cada vez mayores que tienen éstos para adaptarse al ritmo que se les exige en unos estudios universitarios. Muchas veces se tiende a culpabilizar al alumno por sus propias carencias, así como a la mala calidad de la formación que han tenido, sin atender a aquellas que puedan tener en su actual etapa formativa.

Realmente, en muchas de las ocasiones en las que hablo con compañeros que realizan su labor en etapas superiores, como con aquellos que hacen su desempeño en primaria y secundaria, escucho lo mismo: faltan medios, y recursos; la baja calidad de la infraestructura, el poco tiempo disponible, el caos administrativo, la gran cantidad de trámites burocráticos…

No les quito la razón, que la tienen, pero también tenemos que ser conscientes de nuestro papel dentro de la sociedad, y más concretamente nuestra influencia sobre el futuro. Futuro que muchos de nuestros jóvenes miran con incertidumbre, para el que disponen de unas herramientas que en muchos casos no son las adecuadas, ya que no los hemos preparado para buscar soluciones a problemas complejos, y mucho menos a ser capaces de reinventarse o buscar respuestas creativas y distintas que nos ayuden evolucionar. Desde la aparición de la LOGSE no hemos parado de hablar de competencias, y resulta que en la práctica no hemos parado de evaluar a nuestros alumnos mediante pruebas escritas repetitivas. Luego, en las etapas superiores nos quejamos de que estos alumnos no son capaces de aplicar herramientas, ni entender conceptos, pero luego seguimos evaluándolos exactamente igual. Mis alumnos se quejan constantemente por que no saben si podrán superar mis asignaturas, porque a pesar de haber encontrado soluciones anteriores, no saben qué nuevo problema les voy a plantear, ni si serán capaces de buscar una solución técnica que funcione y sea operativa para el reto que les he planteado. Saben que no van a tener un examen convencional y eso les hace tomárselo más en serio y ser más rigurosos en sus conclusiones. Nadie ha dicho que evaluar de otra forma sea hacer que la asignatura sea más fácil o más sencilla. Se trata simplemente de traer la realidad a las aulas y tratar de ser lo más creativos posible, porque es a eso precisamente a lo que se van a enfrentar. La evaluación a partir de ese momento será la propia realidad.

Tengo el firme convencimiento de que la única forma de conseguir que nuestros jóvenes salgan con la mejor de las preparaciones implica ponerlos en contacto con el mundo que los rodea desde las primeras etapas, de forma que lo que aprenden tenga significado, que sepan aplicarlo, compartir resultados y conocimientos y, en definitiva, utilizarlo de manera que cada cual pueda seguir el camino con el que se sienta más a gusto e identificado. En este momento, el desarrollo y la democratización de herramientas tecnológicas que permiten acceder, desarrollar y compartir el conocimiento, de forma prácticamente instantánea, permite aprender de otra manera. Las herramientas tecnológicas no están para sustituir el soporte de los contenidos que enseñamos en nuestras aulas, sino para revolucionar por completo la forma de enseñar, y en consecuencia la forma de aprender.

Con el objetivo de transmitir esta idea planeé un encuentro con representantes de la comunidad educativa de la zona donde resido, y que finalmente se celebró el pasado 17 de diciembre. Fue curioso ver cómo, a pesar de la motivación de todos los asistentes por buscar un cambio educativo, surgieron los mismos inconvenientes de siempre, que hacen que no lo intentemos porque de entrada ya lo damos por imposible. Con el objeto de apoyar la sesión, y gracias al apoyo de la Unidad para la Docencia Virtual de la Universidad de La Laguna, elaboramos un reportaje que muestra este punto de vista junto con las ventajas que puede reportar este modelo de aprendizaje para el futuro de nuestros estudiantes.

Nadie ha dicho que sea fácil, pero sí que es necesario tener la voluntad de introducir cambios que, dentro de nuestras propias posibilidades y por pequeños que sean siempre, siempre serán un paso hacia adelante.

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