sábado, 26 de abril de 2014

Están locos estos romanos...

Astérix y Obélix
Imagen de Marcos Piccin, accesible aquí 
 Esto es lo primero que me ha venido a la cabeza cuando, después de haber estado tantos meses tratando de innovar con mis propios alumnos, y dar ya no sé cuántas sesiones de formación con iPads a profesorado de ámbitos muy diversos, me encuentro hace un par de días con esta noticia:

"Cualquier titulado no vale para ser maestro"

Dejando al lado afinidades políticas de unos y otros medios, al final, en este santo país, hay muchas cosas que yo no entiendo, aunque pueda estar de acuerdo en que alguno de mis circuitos cerebrales pueda no funcionar ya correctamente. Y es que, aunque estoy conforme con el titular, creo que le falta la otra mitad, ya que, aunque se intuya a lo largo del texto del artículo, no lo deja claro: "Cualquier persona no puede estudiar para ser maestro". Como cualquier persona no vale para ser líder y, si me apuras un poco, ni siquiera para ser barrendero. Mientras el grado de Magisterio y el Máster de profesorado sigan siendo aquello que se hace para tener algo fácil y ganar un sueldo a fin de mes, este dichoso país no va a progresar. Si cuando a un neurocirujano que abre el cráneo de un pobre desgraciado, le exigimos que sea excepcional en su trabajo, ¿por qué diantres permitimos que a nuestros hijos los eduquen personas sin la más mínima motivación ni amor a su profesión?... Bueno, motivación sí que tienen: la del sueldo a fin de mes, aquella catalogada como extrínseca. Y que conste que soy docente, aunque mi motivación extrínseca no llegue a los 1000 € a fin de mes..., lo que implica que tengo que buscarme "el guiso" fuera concienciando almas para el cambio de modelo educativo... Sí, hay muchos que nos peleamos porque esto no sea así, y que nos rompemos la cabeza todos los días por tratar de mejorar un poquito en nuestro quehacer diario, pero nos ocurre como a las galaxias; estamos tan lejos unos de otros que, cuando logramos comunicarnos, sólo oímos los mensajes del pasado... El problema es el de siempre: cada uno tiene su guerra en su centro y, por desgracia, en la mayoría de los centros públicos de este país, no se selecciona a los docentes por su proyecto educativo ni por su encaje con el centro, ya que queremos ser tremendamente democráticos, tolerantes y conciliadores. Así que, si has caído en un sitio en el que hay un equipo con ganas de trabajar, innovar y llevar a los alumnos y alumnas, como diría un Trekkie, a usar el motor de curvatura, has tenido una gran fortuna.

No estoy de acuerdo con que los maestros no tengan que saber muy bien de todo; para nada de acuerdo. Un maestro debe tener dos habilidades unidas para poder tener la condición de un verdadero docente: conocer profundamente todo aquello que deba enseñar --sin tener que ser un físico nuclear-- y, por otro lado, ser capaz de enseñarlo. Y es que en este bendito país sufrimos de un mal que está muy extendido, el SPC, o síndrome de la papelitis crónica, de forma que, a un candidato que quiere acceder a la función pública, le pedimos el título pegado en la frente y un perfecto examen memorizado, pero no somos capaces de pedirle una simple carta de motivación, ni preguntarle cómo resolvería una situación real en la que se podría encontrar en su trabajo diario. Eso sí, el examen, clavado.

Si bien es cierto que un ingeniero aeroespacial puede que no tenga las capacidades de un buen docente para enseñar, no es menos cierto que un graduado en magisterio actual tiene tantas lagunas y tal desconexión con la realidad del mundo que lo rodea, que difícilmente va a ser capaz de trasladar esa realidad a sus alumnos. No se trata de que los niños salgan con un máster de ingeniería al salir del colegio, sino de darle de una vez por todas un buen revolcón a nuestro sistema educativo, empezando por nosotros, los propios docentes.

Si mezclamos graduados de muy bajo perfil con el SPC, mal encaminados estamos. Si vamos únicamente al modelo de graduados "generalistas" con una pedagogía aprendida de forma teórica y memorizada para aprobar los exámenes de convocatoria, también vamos mal. Estos futuros profesionales no van a ser capaces de traer la realidad a las aulas, que es de lo que trata esta historia --a ver si nos enteramos de una vez--, ni de entender el mundo que los rodea. Esto no se puede enseñar de forma mecánica, ni repetitiva, ni mediante actividades dirigidas, ni creyendo todo a pies juntillas: se aprende resolviendo los problemas del día a día, equivocándose y tratando de buscar las soluciones más adecuadas, avanzando en el propio autoconocimiento. Y es que, mientras no se exija que los futuros maestros sean los mejores, ni se les enfrente a las realidades de su profesión, seguiremos exactamente igual. Y es que, a pesar de que nos referimos constantemente a otros sistemas que funcionan, parece que nos negamos a tomarlos como modelo para la enseñanza pública de nuestro país.

Esto no se resuelve haciendo más exámenes y pruebas en las llamadas "competencias digitales", término que me irrita constantemente, ya que, en cuanto a educación se refiere, es igual de competente el que sabe programar en C, como el que sólo sabe enviar un SMS. Lo que seguro que no se va a hacer, es poner a estos docentes en una situación en la que tengan que enseñar resolviendo una situación real, y ver en qué herramientas se apoyarían, y cómo las usarían; eso es algo más que demostrar haber almacenado unos simples conocimientos, o ser hábil con una herramienta específica. Los conocimientos se olvidan si no se usan. Montar en bicicleta no. Enseñar es como montar en bicicleta. Algunas veces hay que subir cuestas, y otras veces hay que tomar una curva, e incluso esquivar obstáculos. Para montar en bici, hay que ser capaz de adaptarse al camino, al igual que el maestro debe adaptar lo que enseña en función de cómo avanza la sociedad. Pero lo importante aquí no es montar en bicicleta, sino que, sin dejar a nadie atrás, cada uno llegue a su propia meta.

La verdad, si fuera un galo y me llamara Obélix, pensaría exactamente lo mismo: "Están locos estos romanos", con lo fácil que se pueden hacer las cosas, y qué manera de complicarlo.
Safe Creative #1404270688460