Se acabó la EBAU. Es el momento de elegir grado.

Hace unas semanas, charlando con una amiga, me contó su visión pesimista de nuestra Universidad (y menos mal que hablábamos de España en general y no de Tenerife en particular). Su reflexión, que quiero compartir aquí, es que estamos a punto de perder el tren, pero sobre todo, que no hay ninguna posibilidad de que nos subamos. Usando su propio símil, estamos en una estación, rodeados de trenes a punto de salir, oyendo los anuncios por megafonía y seguimos discutiendo si necesitamos realmente marcharnos, mientras cambiamos y reordenamos la ropa en la maleta sin sacar (ni meter) nada.

Por motivos que no vienen al caso he tenido que empezar a mirar la oferta formativa en universidades extranjeras ….. y de repente casi me quedo sorda con la megafonía de la estación. Como ejemplo, quisiera compartir el caso de Francia. En París podríamos pensar que estaban aun más atomizados que nosotros, pues la Sorbona dio lugar a un montón de universidades muy especializadas (los de ciencias con los de ciencias y los de letras con los de letras). En 2014 hicieron una reforma de su oferta educativa y esto es lo que salió

http://www.upmc.fr/fr/formations/reforme_licence.html

Lo primero que me sorprendió es que ofrecen un sistema que llaman Mayoritario/Minoritario, totalmente abierto en cuanto a la propia selección de tu educación. No confundamos “abierto” con “caótico”. Está perfectamente estructurado, con una organización lógica, y con unos objetivos perfectamente claros. Son lo sufientemente realistas y claros como para avisarte desde el principio que el título que te van a dar (el “papelito” ese que aquí nos importa tanto) va a ser el mismo que si haces una licenciatura convencional, pero te abren un enorme abanico de posibilidades. Su concepto de “transversalidad” llega al punto de que las distintas universidades se han puesto de acuerdo y puedes incluir hasta un 35% de créditos humanistas (filosofía, historia, etc) en carreras tan “de ciencias” como las matemáticas.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero no puedo evitar pensar en cómo hemos “mejorado” aquí nuestra oferta educativa universitaria.

Nuestra reforma ha consistido en dos extremos totalmente diferentes. Por un lado, para adaptarnos a la sociedad (perdón por la risa, si se oye) creamos grados cada vez más especializados. Nuestros hijos ya no estudian “Bellas Artes” sino “Dibujo de conchas con un lápiz rojo del Nª 4”. Se supone que el concretar tanto su formación ayudará a mis hijos a adaptarse a una sociedad tan cambiante como la actual. Algo se me escapa.

Por otro lado, al darnos cuenta que está de moda eso de las “dobles titulaciones” estamos empezando a crearlas. La demanda es evidente: la máxima nota PAU de acceso en toda España el año pasado fue para la doble titulación Físicas-Matemáticas, lo cual es más sorprendente si tenemos en cuenta que Física y Matemáticas nunca han sido carreras masivamente demandadas. Sólo este tema da para mucho más. Aquí solo quiero remarcar lo poco que se parece nuestra manera de crear “dobles grados” con lo que se oferta “por ahi fuera”. Creo que una vez más no hemos entendido nada.

Como último detalle ilustrativo, quiero contar una historia reciente. Conozco a un alumno, recién terminado el bachillerato, que no sabe qué estudiar porque le gustan demasiadas cosas: física, filosofía, matemáticas, informática …. Le han ofrecido estudiar en la UPMC de Paris. ¿El qué? Da igual, en primero solo tiene que elegir la orientación. Después de admitirlo le mandaron un mail para ofrecerle incluir en su formación créditos de Filosofía impartidos en la Sorbona. Evidentemente dijo que sí y ayer le hicieron una entrevista por videoconferencia para decidir si lo admiten (que forma más rara de admisión). Una vez más lo que le preguntaron queda pendiente para otra larga reflexión “autocrítica”, solo quiero quedarme con una de las preguntas (traducción libre):

– ¿Sabes que no vas a obtener la licenciatura en Filosofía y que estos estudios no se van a ver reflejados en obtener un título diferente?
– Sí, lo sé, pero lo que yo quiero es aprender.

Puedo dar fe de que la respuesta no es ficticia, es literal. ¿Qué podemos ofrecer aquí a estos alumnos? A éste, de momento, yo le he dicho que se vaya.

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