Estudiantes como facilitadores del aprendizaje

En los entornos académicos se ha normalizado la idea de que quien enseña no debe transmitir sin más el conocimiento, sino que debe facilitar el aprendizaje. Este cambio de rol del docente surge, precisamente, al adoptar estrategias de aprendizaje basadas en el cognitivismo, y más concretamente en el constructivismo. Siguiendo esta línea de pensamiento, quien estudia debe querer aprender, y para poder aprender es necesario construir el aprendizaje. Éste siempre parte de experiencias previas y se consolida a lo largo de un proceso cognitivo que bien permite consolidar lo aprendido, bien darse cuenta de que lo que se suponía cierto, en realidad no lo es. Se trata, por tanto, de un proceso continuo que entrena al individuo para el aprendizaje a lo largo de la vida; el desarrollo de proyectos complejos y los procesos de resolución de problemas activan los procesos cognitivos de orden superior necesarios para que el aprendizaje tenga lugar. Sin embargo, es frecuente que los equipos de estudiantes tiendan a perderse, e incluso a desmotivarse, tras un primer momento de euforia, después de ilusionarse cuando entran en contacto por primera vez con el reto al que son expuestos. Este modelo de aprendizaje es complejo y genera muchas dificultades, para las cuales estudiantes y profesorado pueden no estar adecuadamente preparados. La forma de minimizar estos problemas es, precisamente, la adopción del rol de facilitador del aprendizaje.

El término facilitador se ha ido popularizando en los entornos académicos a lo largo de los últimos 10 años. En ocasiones se confunde con un coach o entrenador, pero es algo más complejo que eso. Se trata de una persona que dispone de las herramientas necesarias para dinamizar un equipo de personas a la hora de resolver un problema y/o desarrollar un proyecto, encarrilándoles y facilitando sus procesos creativos y productivos. Estas herramientas se vinculan a muchos aspectos: la creatividad, la innovación, la gestión de proyectos, la motivación de las personas, la gestión de conflictos… Se trata por tanto de un perfil muy transversal y que no es fácil de encontrar, pero que cada vez es más demandado, especialmente dentro del mundo de la educación.

Dentro de un entorno académico, quien adopta el rol del facilitador no enseña, pero debe hacer todo lo posible para que sus estudiantes aprendan. ¿Pero cómo consigues que alguien que lleva toda su vida trabajando en un entorno tradicional, de repente, se sienta a gusto adoptando este rol? Sencillamente no puedes. Y no necesariamente porque esta persona pueda pensar que un modelo de aprendizaje tradicional centrado en quien enseña sea mejor, sino que genera muchas inseguridades. Quienes nos hemos educado en un sistema tradicional tendemos a querer tomar el control y a pensar que es necesario explicarlo absolutamente todo, olvidando que quien estudia necesita experimentar, esforzarse por encontrar una solución, e incluso aprender de sus propios errores. Si a esto le sumamos grupos grandes de estudiantes, dificultades de aprendizaje por falta de base previa, sobrecarga de trabajo, desmotivación, conflictos entre estudiantes, inflexibilidad curricular…, lo más probable es que, después de un par de intentos por trabajar de otra forma, se vuelva al modelo tradicional basado en clases magistrales.

Partiendo de esta perspectiva y dentro de un entorno de aprendizaje totalmente tradicional, nuestros primeros intentos para la adopción de un modelo de aprendizaje activo basado en problemas chocó desde el principio con estas dificultades. Además, en este tipo de entornos, lo habitual es que estas experiencias, aunque llamen la atención, generen una participación escasa del profesorado, principalmente por requerir formarse y necesitar un tiempo extra que normalmente no se reconoce. Bajo estas premisas, pensamos que podríamos experimentar y hacer algo nuevo, partiendo de la idea de la mentoría y el aprendizaje entre iguales, pero llevándolo un paso más allá. Fue así como el curso pasado nació el Programa de Estudiantes Facilitadores cuya segunda edición ha arrancado hace una semana.

El concepto de estudiante que facilita parte de la idea de que es posible aumentar el nivel de confianza y el interés de quien empieza en la universidad cuando otro estudiante de cursos superiores se interesa por sus dificultades. El concepto es sencillo: cuando no entiendes algo, preguntas primero al compañero que al profesor; se trata por tanto de aprovechar esa tendencia para tratar de empoderarte, hacerte ver la utilidad de lo que tienes que aprender, buscar tu éxito, mejorar tu interés, y fomentar el sentimiento de que alguien se preocupa por ti. Para nuestra sorpresa al arrancar el programa, la inquietud y curiosidad de los estudiantes por participar fue mucho mayor que la del profesorado. Incluso sin recursos económicos para pagarles una beca, el interés es palpable a través de su entusiasmo. En cualquier caso, este interés por ayudar a otros estudiantes que empiezan no es suficiente para tener éxito, algo que hemos experimentado nosotros mismos cuando empezamos con nuestras primeras experiencias dentro del aprendizaje activo.

Con el objetivo de sortear las dificultades y mejorar las posibilidades de éxito de nuestro grupo de facilitadores, diseñamos un taller intensivo a fin de dotarles de las herramientas necesarias para que conozcan el proceso desde múltiples perspectivas: la solución de problemas, los procesos creativos, cómo planificar algo cuando se parte desde cero, la gestión de la motivación y de las emociones al trabajar bajo presión, e incluso la gestión y la transformación de los conflictos para poder colaborar de forma eficaz. No se trata de decirles qué hacer en cada caso, sino de darles una caja de herramientas y algo que puedan poner dentro, de forma que puedan echar mano de ella cuando lo necesitan, o meter nuevas herramientas por el camino. La cuestión es que, al menos en nuestro caso, esta primera etapa ha sido un rotundo éxito. Hemos visto a gente muy motivada, con muchas ganas de ponerse manos a la obra. Nuestro papel ahora como docentes es darles todo el soporte posible para que, desde nuestra experiencia y nuestro trabajo en paralelo, nuestro grupo estudiantes, que quieren cambiar al mundo a base su entusiasmo y de facilitar el aprendizaje de otros estudiantes que empiezan, tengan éxito. Eso en sí es, quizás, uno de los grandes retos de nuestra sociedad.

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